Violencia en mi ciudad.

Nací y crecí en Saltillo. Ese Saltillo de las lluvias veraniegas, del frío que cala los huesos en invierno, de los calentones, aquel ineludiblemente ligado a Monterrey, de discada y matachines, la Alameda, del ateneo, de esquites, empalmes, enchiladas rojas. En el Saltillo protegido por sus formaciones rocosas y montañas de temblores y huracanes. Un Saltillo íntimo de pueblo grande.

Como muchas otras ciudades del norte del país, Saltillo poco a poco fue perdiendo su tranquilidad.

Flanqueado por Torreón y Monterrey en donde la delincuencia se había desbordado de manera abrupta, Saltillo continuaba ajeno a las ejecuciones diarias, a las balaceras provocadas por enfrentamientos entre cárteles, a las extorsiones, y a los sobresaltos cotidianos, había de alguna manera conseguido mantenerse ajeno a la dinámica delincuencial desbordada en las ciudades vecinas.

Escribía hace poco más de un año: “ el viernes 4 de marzo, se abrió la caja de pandora. En Saltillo, desde temprana hora, alrededor de las 9:15, empezarían las primeras confrontaciones que se dice respondieron a la captura del Toto, y que acabarían oficialmente hacía las 2 de la tarde. Los enfrentamientos se sucedieron en diferentes puntos de la ciudad.

También el viernes 4 de marzo, Humberto Moreira tomó posesión como presidente nacional del PRI”

A partir de entonces la tranquilidad de nuestra ciudad se rompió. Balaceras, levantones, ejecuciones, enfrentamientos entre sicarios. La autoridad federal ha sido insuficiente y la estatal y municipal particularmente negligente.

Entre las víctimas también se había sumado el 10 de noviembre del año pasado el asesinato de Jorge Torres Mac Gregor sobrino del entonces gobernador interino de Coahuila Jorge Torres López, que a la fecha sigue impune.

La descomposición en el estado y municipios, puso el terreno fértil para el cruel asesinato del joven José Eduardo Moreira, con la participación inclusive de elementos de la policía municipal de Ciudad Acuña. La crispación política en el estado y el país, llevó a que algo tan deplorable como un asesinato no fuera unánimemente condenado, sin reservas ni tapujos.

Ayer un enfrentamiento “casual” en Progreso, en donde resultaron abatidos 2 delincuentes, uno de los cuales se presume como Heriberto Lazcano, puede abrir una nueva línea de acciones violentas en todo el estado.

Mi ciudad está en el límite y partida, frágil.

Nos toca a nosotros, los ciudadanos, reclamarla.

Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann

¿Miedo a la muerte?

La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.

Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas.

Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.

¿Miedo a la muerte?. Uno debe temerle a la vida, no a la muerte.

La muerte no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida, y en todas partes.

La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.

Cada instante de la vida es un paso hacia la muerte.

La muerte no es más que un cambio de misión.

Diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte.

Muerte es todo lo que vemos despiertos; sueño lo que vemos dormidos.

Una muerte bella honra toda la vida.

La muerte siempre es temprana y no perdona a ninguno.

Sin muerte no hay vida. No podemos escoger como, cuando o donde morir, lo que si podemos hacer es ecoger como vivir y como queremos ser recordados.

Publicado por: Lulyann Morales
Fotografía por: Lulyann MM Photography
Twitter: @Lulyann

Violencia e inseguridad en México

Leo artículo acerca de la violencia e inseguridad, tema cotidiano en cualquiera de las reuniones, oficina, colegios en fin, en todo nuestro entorno. El artículo es hace 4 años, pero lo que más me llama la atención es que sin duda el miedo ha crecido, la violencia, la inseguridad. ¿Hasta cuándo?
Por Mario Enríque Sánchez

¿Cómo no vivir con miedo? Definitivamente los secuestros, la inseguridad y la violencia en México no son algo nuevo, aunque en meses recientes parece que incrementa el número de muertos, desaparecidos o asaltados; ya ni siquiera se puede tener una “vida virtual” en paz, ya que como dicen algunos medios “son un catálogo para los secuestradores”.

Y es que díganme, ¿hoy en quién se puede confiar para erradicar o combatir la inseguridad? Y es que muchos de ustedes no me dejarán mentir, el miedo no sólo es hacia los chicos malos, también hacia los mismos elementos de seguridad pública que, en definitiva, a veces usan una doble cara y se infiltran en las redes del secuestro o narcotráfico; claro que no puedo dejar de aplaudir a los policías honestos y que dan sus vidas por los ciudadanos.

Amo a México. Me entristece la sangre de inocentes que se derrama a diario, según el Instituto para la Seguridad y la Democracia, por cada secuestro que ocurre en territorio nacional, se cometen seis homicidios dolosos, 11 violaciones, 48 fraudes y 750 robos, ¿alarmante? Definitivamente sí, no hay que vestir con ropa de diseñador, viajar en un auto de lujo, vivir en la zona más exclusiva de la ciudad o ser hijo de algún empresario para ser víctima de la inseguridad; aunque suene absurdo, los que viajamos en metro, camión, estudiantes y trabajadores honrados, somos víctimas potenciales.

Sin duda, el miedo es el peor enemigo con el que tenemos que vivir muchos mexicanos, pero cómo no tenerlo si se nos bombardea con información violenta, con esto no quiero decir que esté mal la objetividad y nuestro derecho a estar informados, pero ahora no sólo hay que lidiar con el desempleo, la crisis alimentaria o financiera, también hay que cuidarse de los nuevos “narcoterroristas” y todo aquel que atente contra la estabilidad social e individual.

Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann

Saltillo, otra noche violenta

La llegada de más sicarios para reforzar a dos distintos cárteles del crimen que disputan, por separado, las plazas de Torreón y Saltillo al grupo delictivo dominante, recrudeció los enfrentamientos violentos en los últimos días… y las autoridades estatales esperan más.

Fuentes policiacas y militares anticiparon que la ola de violencia será más intensa, por lo que han reforzado la estrategia de combate al crimen, que tan sólo en la víspera de este fin de semana dejó 12 muertos y negocios incendiados en Torreón, y balaceras y detenciones en las calles saltillenses.

“Lo que pasa es que llegaron ‘refuerzos’ criminales: por un lado a La Laguna, donde un cártel le disputa la territorialidad a lo que allí están asentados; por otro lado, aquí en Saltillo es otro el grupo que entró a la disputa y trajeron de igual manera más pistoleros”, dijo uno de los informantes.

“Por esto es que se han arreciado los enfrentamientos, balaceras, granadazos y ejecuciones los últimos días. Lo peor es que esto probablemente se pondrá más intenso”, dijo la fuente.

Y para muestra…

Durante la madrugada de ayer las ráfagas de armas largas pusieron en alerta a los habitantes de la colonia Saltillo 2000. Militares lograron el aseguramiento de un vehículo tras un enfrentamiento con presuntos criminales, y según fuentes extraoficiales, también hubo detenidos.

El reporte de detonaciones en este sector se dio cerca de las 04:00 horas. Fue entre las calles Melocotón y Catedral de Santiago donde varias patrullas militares se habrían topado con civiles armados, los cuales abrieron fuego al percatarse de la presencia de las autoridades.

Tras varios minutos las ráfagas de balas cesaron y el área fue asegurada con al apoyo del GATE, así como del GROMS. Una casa fue cateada, en la que aseguraron un automóvil, y del interior del domicilio extrajeron material diverso, sin que se especificara el inventario.

Lo decomisado se turnó a la subdelegación de la PGR, y durante la mañana de ayer un convoy militar llegó a las instalaciones de bulevar Francisco Coss para entregar el automóvil, así como lo asegurado. Durante varias horas parte de Coss y calle Dionisio García, permaneció cerrado y con fuerte vigilancia.

Con información de periódico Vanguardia

Twitter: @lulyann

Homenaje a periodistas muertos, desaparecidos y muertos en vida.

Leo ésta publicación y las lagrimas corren por mis mejillas, así se llenan mis ojos de tristeza, coraje e impotencia.

Comparto con todos ustedes estimados lectores, el discurso que dió Marcela Turati, en la ceremonia de premiación a los mejores trabajos periodísticos, los más respetuosos a los derechos humanos, le corresponde a ella hacer la nota dura, la pausa amarga. El recordatorio de las condiciones que vivimos hoy los y las periodistas mexicanos.
El homenaje a los colegas muertos desde el año 2000 a la fecha y se tomó la libertad de incluir a los periodistas desaparecidos.

Empezando recordando sus nombres:
2000: Luis Roberto Cruz Martínez, Pablo Pineda Gaucín, José Ramírez Puente, Hugo

Sánchez Eustaquio

2001: José Luis Ortega Mata, José Barbosa Bejarano, Saul Antonio Martínez

2002: Félix Alfonso Fernández García, José Miranda Virgen

2003: Gregorio Urieta

2004: Roberto Javier Mora García, Francisco Javier Ortiz Franco, Francisco Arratia Saldierna, Gregorio Rodríguez Hernández

2005: Dolores Guadalupe García Escamilla, Raúl Gibb Guerrero, José Reyes Brambila, Hugo Barragán Ortiz

2006: José Manuel Nava Sánchez, Misael Tamayo Hernández, Enrique Perea Quintanilla, Jaime Arturo Olvera Bravo, Bradley Roland Will, Roberto Marcos García, Ramiro Téllez Contreras, Rosendo Pardo Ozuna, Raúl Marcial Pérez, José Valdés, Adolfo Sánchez Guzmán

2007: Amado Ramírez Dillanes, Saúl Noé Martínez Ortega, Gerardo Israel García Pimentel

Tomado del blog Losqueremosvivos, que compila información de CPJ, Artículo19, Cencos, RSF y CNDH

2008: Armando Rodríguez Carreón, Alejandro Zenón Fonseca Estrada, Miguel Ángel Villagómez Valle, Teresa Bautista Merino, Felicitas Martínez Sánchez , David García Monroy, Francisco Ortiz Monroy, Bonifacio Cruz Santiago, Alfonso Cruz Pacheco, Candelario Pérez Pérez

2009: Jean Paul Ibarra Ramírez, Luis Daniel Méndez Hernández, Carlos Ortega Samper, Eliseo Barrón Hernández, Martín Javier Miranda Avilés, Ernesto Montañez Valdivia, Juan Daniel Martínez Gil, Norberto Miranda Madrid, Fabián Ramírez López, José Bladimir Antuna Vázquez García, José Emilio Galindo López, José Alberto Vázquez López, José Luis Romero

2010: Valentín Valdez Espinosa, Jorge Ochoa Martínez, Jorge Rábago Valdez, Evaristo Pacheco Solís, Juan Francisco Rodríguez Ríos, María Elvira Hernández Galeana, Hugo Alfredo Oliveras Cartas, Marco Aurelio Martínez Tijerina, Guillermo Eduardo Alcaraz Trejo, Carlos Alberto Guajardo Romero, Luis Carlos Santiago

2011: María Elizabeth Macías Castro, Humberto Millán Salazar, Yolanda Ordaz de la Cruz, Miguel Ángel López Velasco, Miseal López Solana, Pablo Ruelas Barraza, Noel López Olguín, Luis Emmanuel Ruiz Carrillo, Ana María Marcela Yarce Viveros

2012: Regina Martínez Pérez, Gabriel Huge Córdova, Guillermo Luna Varela, Esteban Rodríguez, Marco Antonio Ávila García, Víctor Manuel Baéz Chino,

Nuestros desparecidos, los colegas que aún esperamos que regresen a sus casas, a las redacciones son:

Alfredo Jiménez Mota, de Sonora
Rafael Ortiz Martínez, Coahuila
Mauricio Estrada Zamora, María Esther Aguilar Casimbe, Ramón Ángeles Zalpa, José Antonio García Apac, Michoacán
Rodolfo Rincón Taracena, Tabasco
Gamaliel López, reportero y Gerardo Paredes, Nuevo León
Jesús Mejía Lechuga, Gabriel Manuel Fonseca Hernández, Veracruz
Marco Antonio López Ortiz y Leodegario Olivera Lucas, Guerrero

Pueden ser más porque no tenemos registros suficientes de lo que ocurre en Tamaulipas, un estado ya silenciado.

2 Aún se desconoce el paradero del periodista estadounidense Zane Alejandro Plemmons Rosales, desaparecido en Tamaulipas

Algo está podrido en este país cuando, ellos y ellas, los que deberían de mandar la nota se convirtieron en nota. Los asesinatos de periodistas son tan comunes, tan poco noticiosas, que alcanzan generalmente apenas unos párrafos ocultos en las páginas interiores, o unos segundos de algún noticiero, si es que sus ausencias logran arañar algún espacio.

Sus nombres van acompañado de realidades como las que voy a leer –tomadas de la nota roja donde queda la constancia de su muerte y, si acaso, unas líneas sobre su trabajo reporteril:

El periodista fue asesinado cuando salía de las instalaciones de la radio/ Secuestrado en la madrugada por cinco desconocidos, en la puerta de la Dirección de Seguridad Pública Municipal/ Su cuerpo encontrado en un barranco/ Ejecutado dentro de un vehículo de su diario./ Intentó refugiarse en un hotel al percatarse que dos desconocidos lo perseguían. Le dispararon a quemarropa por lo menos 20 veces/ Su hija de ocho años presenció el homicidio, lo mataron cuando la llevaba la escuela/ Tenía seis impactos de bala en la espalda y el tiro de gracia./Tres meses antes de su asesinato, su casa había sido rafagueada y su carro quemado/ Fue secuestrado por ocho hombres encapuchados y vestidos de negro, en su casa, frente de su esposa y sus hijas, su cuerpo apareció al día siguiente en una bolsa de plástico/ Fue encontrado muerto en su domicilio con dos puñaladas en la espalda. / Fue encontrado semienterrado en un terreno baldío en una colonia popular./ Estaba atado de pies y manos con cinta canela/ Al menos dos hombres enmascarados entraron a la redacción y le dispararon varias veces/Según algunas fuentes, al lado del cuerpo se encontró un mensaje: “Esto me pasó por escribir lo que no se debe. Cuiden bien sus textos antes de hacer una nota” /Fue encontrado en su hogar, amordazado y amarrado a una cama y con impacto de bala en la cabeza/Fue encontrado en estado de coma en el libramiento de la carretera e ingresado en primera instancia al hospital en calidad de desconocido, donde sobrevivió 4 días/ Fue “levantado” luego de salir de una fiesta donde convivió con compañeros/ Desapareció al salir del festejo del día de la libertad de expresión/ Fueron tiroteados él y su mujer en un pequeño café Internet del que eran propietarios/ Antes de su desaparición recibió una llamada a su celular en la que le solicitaron que se trasladara a un lugar donde había ocurrido un accidente, para que obtuviera más información/ Fue secuestrado la noche anterior por un comando armado en plena calle /Encontrada en el baño de su casa, golpeada, estrangulada.

Recuerdo cuando en la universidad, en las clases los alumnos soñábamos con ser periodistas. Nos creímos que era la mejor profesión del mundo. El lugar desde donde se podía vigilar a los poderosos. Desde donde se custodiaban los intereses de los ciudadanos. Era nuestra elegida trinchera para cambiar el mundo.

Las cosas cambiaron este sexenio. La gente, al enterarse que uno ejerce el periodismo, se acerca en la calle para darte la bendición. “Les ha tocado duro”, nos dicen incluso los

policías. Y cómo negarlo con esa larga lista que cargamos a cuestas. Con tantos de entre nosotros que faltan.

Las redacciones se van quedando vacías, los puestos vacantes, la profesión desprestigiada. Un escritorio en Ciudad Juárez desde 2008 se conserva vacío: la computadora empolvada, adornado con flores ya secas, con mensajes de cariño, con las fotos del ausente, del amigo, el padre de familia, el esposo, el hermano, el hijo que a muchos hace falta. Era el lugar de “El Choco” (Armando Rodríguez, reportero de El Diario), el periodista que contaba a los muertos. El testigo incómodo, el primero que comenzó a alertar que la violencia se estaba disparando, que había mucha gente armada en la calle, que la cifra de muertos ya era excesiva.

En la revista Proceso nos falta Regina Martínez, nuestra corresponsal. Nos falta a nosotros, a su familia y a la sociedad veracruzana a la que informaba, a la que servía, a la que acompañaba con su información, de la que era cómplice con su valiente trabajo en ese estado silenciado.

Decenas de redacciones tiene un listón negro por el luto.

Con cada amenaza, con cada secuestro, con cada desaparición, con cada atentado, con la muerte de cada periodista, los ciudadanos nos vamos quedando sin testigos, sin ojos, sin voz. Dejamos de saber en qué está metido el alcalde. Qué empresario fue favorecido por alguno de sus ‘amigos’. Cuáles son esas amistades turbias del gobernador. Qué grupo es el que dispara afuera de nuestra casa. Qué vías debo evitar para llegar a salvo a la escuela por los niños. Quién se benefició con tanta muerte, con tanta violencia.

Nos estamos quedando sin la información que ayuda a darle sentido a nuestra realidad. La información que la sociedad necesita para saber lo que ocurre, para entender cuáles son los mecanismos de esta violencia, qué patrones tiene, cómo se manifiesta. Para entender por qué me pasa lo que me pasa. Sin esa información será más difícil intervenir para cambiar nuestra realidad, para recuperar a nuestro país.

Ellos y ellas, los y las ausentes, se convirtieron en testigos incómodos. Ofrendaron su vida por informar. Por creerse cierto eso de que la gente tiene derecho a saber. Un derecho que no se respeta.

Este homenaje es para todos ellos, los que tienen nombre y los desconocidos, nuestros N.I., y también para los periodistas que en este momento están muertos en vida. Aquellos que he topado en las redacciones, caminando como almas en pena, sin saber qué cubrir porque desde que los cambiaron de fuente tras haber sido amenazados.

Los que se saben ejecutables, los desaparecibles, –a estas alturas ¿quién no lo es?— y a los que la gente les huye a verlos o ve con lástima, como si fueran enfermos terminales. Como si fuera la última vez que los ven con vida.

Y a las reporteras que se sienten tóxicas para sus familias. Que saben que, por sus investigaciones, son el punto de riesgo para sus seres amados. A las que les mata la culpa amar tanto esta profesión.

Y a los que perdieron la alegría de vivir. Que saben que los buitres ya hicieron nido en su mente y en su corazón. Que tienen hecho el testamento, listos los papeles por si les toca su turno. Como si ser asesinados fuera su destino.

Y a los que se acostumbraron a la adrenalina de la violencia y ahora que en su ciudad bajó la cifra de muertes, piden su cambio a una nueva guerra. Si se acabó la violencia en Juárez piden a sus jefes ‘ahora mándenme a Monterrey, ahora a Tamaulipas, ahora a Veracruz’. Están enfermos, ¿quién los culpa?

Los que no pueden dormir por tantas pesadillas. Los que cuando van en su auto espejean todo el tiempo para saber si los siguen. Los que se quedaron con el tic de asomarse a la calle para cerciorarse de si los vigilan. Los que buscan situaciones de muerte porque les está costando regresar a la normalidad.

Todos ellos y ellas existen. Sus situaciones no son ficticias.

Tenemos registrados a los que mueren asesinados. Sin duda, algunos de estos mueren, quizás no de balazos. Mueren en accidentes. Por exceso de alcohol. O son despedidos por sus traumas.

El otro día un fotógrafo de Juárez me decía: “Acá parece que ya pasó todo pero no sé si algún día me recuperaré de lo que ví y viví”. Un joven hablando como veterano de guerra. Tan cierto lo que dice.

Estamos hartos de hablar de esto. De hablar sin ser escuchados. De marchar arrastrando fotografías de los y las ausentes, alguna corona de flores, y de dejar las libretas y las cámaras manchadas de tinta rojo-­‐sangre a las puertas de las oficinas de gobierno para denunciar que falta otro. Que otra voz fue silenciada. Que otra vez la palabra fue acribillada. Que otra zona del país quedó en silencio.

Ya nos cansamos de denunciar la impunidad institucionalizada y el cinismo oficial. De recibir mensajes de colegas de los estados que nos dicen asustados que mañana podrían ya no estar. O llamadas pidiendo ayuda, porque no saben a quién acudir (¿alguien de aquí conoce algún número telefónico para casos de emergencia?), a quién puede pedirle ayuda para que le salve la vida.

Cansados de escuchar el anuncio radiofónico del Senado en el que los legisladores se autoaplauden por aprobar, hasta el final del sexenio, una ley “muy humana” que intenta proteger periodistas pero que no se aplica. (¿Hasta cuándo se les ocurrió que era intolerable que siguieran matando periodistas: hasta el muerto 50 o el 72?)

Decepcionados de los dueños de la mayoría de medios de comunicación de este país que no cuidan a su gente, que les pagan una nada por nota, los mandan sin protección, equipo o saldo de celular. Y a los amenazados, en vez de protegerlos, los despiden. Insolidarios, ellos están resguardados, sólo ven sus ganancias. Pocos exigen al gobierno que resuelva el crimen cometido contra uno de los suyos. Pocos cuestionan. Pocos acosan y vigilan que se haga justicia. Pesa más la pauta publicitaria al empleado asesinado o desaparecido.

Decepcionados de las organizaciones de protección a los periodistas que no se ponen de acuerdo entre ellas para salvar más vidas.

Hartos, sobre todo, del gobierno cómplice. Ya sea por omisión, por consentimiento, por complicidad. Porque con su inacción abona al asesinato y a la desaparición de otros periodistas. ¿Quién se va a tentar el corazón a la hora de matar cuando sabe que, haga lo que haga, no tendrá castigo? Si basta con difundir un rumor –“en algo malo andaba”-­‐-­‐ para que el periodista sea culpable de su tragedia. Para que todos ignoren el crimen y nadie pida su castigo. Eso es discriminación. Es lo más fácil: discriminar a los muertos, a los que no pueden defenderse, escupir sobre sus tumbas, matarles la honra3.

Tristes porque la sociedad no se solidariza. ¿A quién le importa que maten periodistas, si la sociedad percibe que los medios son cómplices de los poderosos? ¿Si nos consideran parte del problema? ¿Si son pocos los medios que no son voceros de los políticos e informan sobre lo que los ciudadanos quieren saber? ¿Cuándo va a salir la gente a las calles si nosotros mismos nos vemos con desconfianza? ¿Si en las redacciones se dan órdenes para que nadie acuda al funeral?

Hartos de ver que tras cada amenaza no atendida, tras cada ataque a un medio de comunicación, cada desaparición, cada asesinato, los compañeros se refugian, se cambian

3 (No niego que en algunas redacciones hay ‘infiltrados’, que no deben ser llamados periodistas. No sabemos sus motivos, si tuvieron opción, si les pusieron una pistola en la frente. Eso le toca aclararlo a la procuraduría con sus investigaciones. Pero antes de condenarlos a ellos deben ser condenados los verdaderos asesinos: los políticos que le entregaron el poder al cártel que les financió su campaña o les regaló un yate o una isla; los que pusieron a su servicio a la policía, al municipio, al gobierno del estado; los que dejaron que también les dieran órdenes a los medios de comunicación. Esos funcionarios deben pagar también por los asesinatos) de oficio o se van al exilio. Tristes de saber que algunos de los nuestros, nuestros mejores investigadores, limpian baños o venden hot-­‐dogs en España, Estados Unidos o Canadá.

O de repetir las cifras que a todo el mundo han escandalizado, ese lugar común desgastado que se ha vuelto decir “México es el peor país del mundo para ejercer este oficio”. A quién le preocupa. A quién incomoda.

Estamos hartos de enterrar a compañeros. Hartos de ver en las noticias que uno más, y otro, y otro, y que la cacería no ha cesado. Y que no vemos cómo, no vemos por dónde o qué podemos hacer para que las cosas mejores.

Sé que mi mensaje no es esperanzador.

No habrá esperanza hasta que no construyamos un memorial por los y las que nos faltan. Hasta que no conozcamos quiénes eran, en qué soñaban, cuáles habían sido sus exclusivas, quién ve por sus hijos, cómo respondieron sus medios, en qué estatus están las investigaciones de sus crímenes.

Hasta que no construyamos un observatorio para vigilar que esos casos se investiguen. Hasta que los dueños de los medios de comunicación se preocupen más por su gente y menos por su dinero.
Hasta que esos propietarios, apoyados con otros propietarios, se sienten frente al gobierno y le exijan cuentas, y lo supervisen, y le digan que no le creerán si no se ganan su confianza con resultados.
Hasta que el Estado haga lo que le corresponde.
Hasta que matar periodistas en México tenga un costo. Un castigo. Una pena.
Hasta que México se convierta en un santuario para periodistas. Y que en todo el mundo se sepa que matar a uno solo costará muy caro. Y que los criminales y sus cómplices están en la cárcel.

Este es un homenaje también para los periodistas que en este momento se sienten solos, solas, y no saben a quién llamar. No saben que tienen posibilidades, que existen organizaciones, instituciones, solidaridad. Aquellos que por falta de opciones se piensan condenados a muerte y no saben a qué hora el alcalde mandará asesinarlos por la espalda, al policía se le vaya un mal golpe, un tiro, en uno de tantos forcejeos por acercarse a la escena del crimen o que un grupo de sicarios lo saque de la cama.

Los compañeros y compañeras que ya no están deben ser nuestra guía, nuestro faro, para hacer más y mejor periodismo. Nuestro impulso para no callar. Para organizarnos con miras a defender nuestro derecho a informar y el derecho de los ciudadanos a estar informados, a explicarse por qué les pasa lo que les pasa.

Como decía en un foro reciente la periodista chilena Mónica González (directora de CIPER-­‐ Chile): parte del dinero destinado a la protección, a la seguridad, al blindaje de los periodistas mexicanos debería usarse a becar a los periodistas amenazados por sus investigaciones, para que no tengan que salir corriendo a esconderse, para que los silenciadores no se den el gusto de silenciarlos. Usar esa beca para que desde otro país sigan indagando, recopilando información, documentando. Para no darle tregua a los corruptos, a los asesinos, a los negligentes, a los censuradores. Para aturdirlos. Para que se sepan vigilados. Para que ni se les ocurra callar a un solo periodista más.

La esencia del periodismo es dramática. El periodista auténtico oculta lo suyo y revela lo ajeno; reúne en sí las vibraciones dispersas y las transmite; semejante al cómico, desaparece bajo la realidad que nos transfiere.
Rafael Barrett

Con información de @saladeprensa.

Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann

Fanáticos

Desde hace unas semanas el fanatismo se ha acrecentado en la calle, pero sobre todo en las redes sociales. Virulencia desde luego acentuada por la cercanía de las elecciones. Algunos se asustan, yo digo que aunque indeseables, son parte del juego democrático, una burbuja destinada a desinflarse a partir del 2 de Julio. Sigue leyendo

¿Campañas de odio?

Dice María Mercedes Gomez en el texto “Los usos jerárquicos y excluyentes de la violencia”, que los delitos de odio puede entenderse como una forma de violencia dirigida a personas que pertenecen a un grupo específico, ya sea social, racial o étnico o que tengan una tendencia sexual o religiosa catalogada como “diferente”. Te ataco porque eres diferente a mí. Una forma muy rudimentaria de entender el mundo.

Hay varios opinólogos preocupados por la creciente violencia verbal en redes sociales creada por algunos simpatizantes fundamentalistas de grupos o subgrupos de políticos, que han incrementado su virulencia en estos tiempos electorales, camuflados en el anonimato de internet.

Incapaces de dar la cara y discutir con argumentos, esconden en insultos y agresiones su falta de razonamiento y contundencia repitiendo dogmas y descalificaciones fáciles. Estos extremos desde luego, no son exclusivos de ningún espectro ideológico, insultantes los hay de todos sabores. Los extremos se tocan.

Quienes se preocupan, ven en ellos una campaña de odio que anticipa a la violencia. Pues no, no lo veo así. Fuera de los círculos virtuales, no ha habido un solo episodio grave que haya transfugado al mundo de a pie, lo más arriesgado quizá fue el zapatazo que le aventaron a EPN en su visita a la UIA, o la gritería a Quadri, pero en donde nunca estuvo en realidad en riesgo su integridad física. Los guerrilleros de las redes sociales, al menos hasta ahorita, están contenidos atrás de su teclado. Por paradójico que parezca se trata de actitudes antidemocráticas, que sin embargo son comunes en las democracias. Sí, en las democracias hay espacio para las mentadas de madre, los gritos, insultos y majaderías, en donde no existen son en los regímenes totalitarios.

Que quede claro, no estoy de acuerdo con ello, me parece además que esos desplantes no solo no contribuyen a sumar puntos a su causa, sino que la socavan, que enturbian el paisaje y el diálogo político. Utilizar la fuerza antes que el razonamiento es una abdicación de la inteligencia. Pero aunque indeseable y quizá hasta perturbador, no es una anormalidad en las democracias del mundo.

Idealmente las pasiones políticas tendrían su cauce a través de discusiones de frente, abiertas, ricas en argumentos, plantadas sobre hechos y datos, reconociendo la posibilidad de encontrar en el adversario nuevas rutas, étc. Pero un mundo idílico y transparente es casi imposible encontrarlo en el mundo de la política, en donde los intereses de grupo, siempre se han antepuesto a los intereses de construir un mejor país. La mezquindad de este generación de políticos en nuestro país es formidable.

¿Cuántas marchas anti Berlusconi se realizaron en Italia? ¿fueron alimentadas por el odio?, ¿o más bien por los excesos del primer ministro Italiano?. Sin duda también allá a la genuina indignación de los manifestantes se le sumó también algún grupo político para llevar agua a su molino, ¿Es sorprendente?. Creo que no.

El amor y el odio están estrechamente vinculados en el cerebro humano, de acuerdo con un estudio sobre el origen de estas emociones, que sienten hombres y mujeres por igual.
Investigadores que estudian la naturaleza física del odio – entre ellos John Romaya, del laboratorio de neurobiología de la fundación Wellcomehan – han encontrado que algunos de los circuitos nerviosos del cerebro que lo causan son los mismos que se usan cuando se siente el amor romántico, aunque ambas emociones parezcan polos opuestos.
Una diferencia importante entre el amor y el odio parece radicar en que grandes zonas de la corteza cerebral –asociadas con el juicio y el razonamiento– se desactivan cuando se siente amor, mientras con en el odio sólo se desactiva una zona pequeña.

Por eso coincido con @JSHM, si no nos asustamos por las matracas que jubilosamente celebran de manera totalmente acrítica al candidato que se pasea por la plaza pública, porque hemos de asustarnos por una mentada de madre.

Al fin y al cabo, el amor y el odio están estrechamente ligados.

Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann

Las balaceras de todos en #Saltillo

Escribía hace poco más de un año: “ el viernes 4 de marzo, se abrió la caja de pandora. En Saltillo, desde temprana hora, alrededor de las 9:15, empezarían las primeras confrontaciones que se dice respondieron a la captura del Toto, y que acabarían oficialmente hacía las dos de la tarde. Los enfrentamientos sucedieron en diferentes puntos de la ciudad. El pánico en la ciudad se apoderó de muchos saltillenses que fueron a recoger a sus hijos a la escuela, dependencias gubernamentales pidieron a funcionarios y empleados estatales, no volver por la tarde a sus oficinas. Antros y restaurantes estuvieron vacíos por la noche.

“ También el viernes 4 de marzo, Humberto Moreira tomó posesión como presidente nacional del PRI, y “amenazó” con volver al partido a los Pinos.

“El domingo 6 de marzo, volvieron los enfrentamientos (el comunicado oficial habla de un militar caído) y se inauguraron los primeros narcobloqueos en la ciudad.”

Más de 365 días después el nivel de violencia en la capital del estado, lejos de menguar, no solo ha incrementado su virulencia, sino también la frecuencia de ataques y enfrentamientos. En los últimos días se han registrado de manera casi diaria, nos hemos venido acostumbrando a los simulacros para esquivar las balas, a los planes de contingencia de planteles educativos que lapidan sus puertas donde nadie entre o sale, al terror en los ojos y gritos de los niños cuando los tronidos llegan cerca de los salones de clase, a la falta de capacidad de las autoridades (tanto estatales como municipales ) ante una delincuencia que se les salió de control, a la impotencia de una ciudadanía que ve como desconocida a su ciudad. Sigue leyendo