Crónica de una cuenta hackeada @lulyann

El día empezó frío. Después de los 32 grados del jueves, el sábado amanecimos a cuatro grados, brisa helada, sensación térmica terrible, (aún así menos aterrador que las balaceras casi diarias) que lindo mi pueblo. Un día normal, tenía una sesión de fotos programada para la tarde (yo atrás de la cámara). Atareada con los preparativos, con poco tiempo de tuitear, 320 fotos después, ¡madres!, descubro a eso de las 6:30 que me habían hackeado mi cuenta. Un honor reservado solo a los famosos.

¿Quién lo hizo? en realidad no lo sé, en Twitter podía ver como mi usuario @lulyann había desaparecido y en su lugar existía ahora un tal @rodoarri que se había apoderado de mi cuenta, con todo lo que esto implica, DM´s, seguidores, a quien sigo, étc. No saben que cosa saber que tu cuenta ya no es tuya y de repente descubrir que fuiste ¡eliminada! del mundo de la virtualidad tuiteriana, eso de “user not found” duele como una caries en la muela del juicio, así de profundo, así de intenso (lo cursi es el resultado del shock del hackeo).

Y es que en mi vida pensé que una simple mortal podría ser víctima del hackeo, vamos, he visto que han hackeado a autoridades, a muchos artistas famosos y a uno que otro político, pero no a una humilde habitante del planeta tierra, una de entre más de 7 mil millones de habitantes, o una entre más de 500 millones de usuarios de Twitter. Un honor inmerecido seguramente, pero la neta, hubiera estado mejor sin esa “distinción”.

Ah, pero ¿cómo me enteré que me habían hackeado mi cuenta y quién lo había hecho? Pues resulta que en la app de Twitter de mi teléfono y de mi tableta (que feo se oye eso de tableta) seguía firmada, y ahí pude ver que ya no era @lulyann, sino @rodoarri. Si no fuera por eso nunca hubiera sabido el nombre “usurpador”. Lo único de lo que me hubiera podido dar cuenta es que mi usuario había dejado de existir y hasta ahí. Maldito, mil veces maldito ese mentado hacker, pensaba. Sigue leyendo