Algo grave debe de estar pasando en la campaña de JVM. Han transcurrido apenas 10 días del arranque formal de las campañas (7 de los cuales con poca repercusión mediática debido a las vacaciones de semana santa) y Vázquez Mota anuncia un relanzamiento en su “estrategia” de campaña. ¡Qué cosa!
Si la solución que encontró para dar un “golpe de timón” en la campaña es amontonar gente en el cuarto de guerra y cambiarle el nombre a su autobus de campaña, las cosas seguirán cuesta arriba.
La candidata informó que ha incorporado a Gustavo Madero, Ernesto Cordero, Max Cortázar, Juan Manuel Oliva, Miguel Székely Pardo y Juan Ignacio Zavala, pero no dijo exactamente cuales serían las responsabilidades de cada uno, o si acaso relevarían a alguien de su equipo.
Vázquez Mota ha tenido problemas antes que con sus adversarios, con su mismo partido. Cuando EPN y AMLO han sido quienes han tomado todas las decisiones en su partido, parece que la candidata del PAN no puede ni decidir quien forma parte de su equipo de campaña. Mientras que en el PRI y PRD los candidatos se han asumido como los jefes de sus respectivos partidos, Josefina parece no puede generar la unidad que un partido con aspiraciones a ganar la presidencia necesita.
Vázquez Mota se ve como fuera de lugar, despistada, atolondrada quizá todavía por los ajetreos de la campaña interna no ha podido establecer ni siquiera líneas que den un bosquejo de su plan de gobierno. Parece que no hay quien la saque de esa sonrisa marcada como con photoshop, de ese sonsonete rígido o quien sea capaz de sacarle una respuesta concreta. Está instalada en un personaje que probablemente ni a ella misma le guste. Le pesa su inexperiencia haciendo campaña y la habilidad política de quien ha ejercido el poder.
¿Quién es el estratega?. Sus comerciales son una desgracia. La música y la iluminación los hacen tan dramáticos que asustan en lugar de provocar esperanza, sin oficio en los productores ni en quien los aprueba. Si se le cuestiona su estado de salud, en lugar de aclararlo, aparece al otro día corriendo en una caminadora, de manera totalmente actuada. El discurso de género totalmente desgastado, las faldas y los pantalones como oferta de gobierno.
Un timón es un elemento para dar dirección, el que transmite movimiento a las piezas que controlan la dirección. Pero para cambiar de sentido, hay que moverlo, no gritar que vas a moverlo, ni llevar más marineros al barco. Si Roberto Gil no ha sido efectivo como coordinador de campaña tendría que removerlo, si sus anuncios no “conectan” hay que cambiarlos, si ha carecido de ideas de futuro hay que trabajar en las propuestas, en los qués y los cómos, si su equipo no está coordinado debe delimitar responsabilidades, si los mensajes no llegan hay que rebalancear la estrategia de medios, si se le ve sola habría que trabajar en las alianzas. En fin, hacer una campaña. Insisto, amontonando gente y rebautizando su medio de transporte, no solo es insuficiente, es de risa.
Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann
