La pobreza en el debate

Con Peña Nieto y Beltrones no hubo debate, si acaso dimes y diretes codificados en espacios públicos, el candidato fue ungido por aclamación. AMLO y Ebrard no se tocaron ni con el petalo de una rosa, la encuesta definió quien representaría la izquierda. El PAN quien estuvo más cerca de un debate lo sustituyó por una hueca exposición de motivos.

No, no somos un país afecto al debate, al intercambio de ideas y argumentos, a la confrontación de frente, a la crítica. Les reprochamos a los políticos la ausencia de discusiones y disputas que muestren el razonamiento ordenado de sus interlocutores y dibujen un proyecto de país medianamente atractivo cuando ni en nuestras casas fomentamos debate alguno. En las aulas no aparece, ni los maestros lo fomentan, ni las asignaturas lo enseñan.

Una tesis de izquierda se descalifica llamando al interlocutor “chairo”, ¿una de derecha?, fácil, llámalo fascista. La simpleza sorprende, la flojera y escaso nivel intelectual toman paso, atacar el argumento se sustituye por atacar a la persona, “argumentum ad hominem” una falacia lógica que ya los griegos identificaban hace miles de años. El insulto, y la ofensa personal antes de cuestionar el argumento, la injuria por encima de hechos y datos duros, comprobables, que confronten al contrario.

No es de sorprender, hemos vivido desde casa rehuyendo el debate. A la familia y amigos los cobijamos y evitamos hablar de sus defectos o limitaciones, como si los lazos de sangre o amistad fueran mantos de perfección, evitamos encararlos y miramos a otro lado.

En la empresa lo mismo, difícilmente alguien cuestiona al superior, “argumentum ad verecundiam” dirían también los griegos, en donde se defiende una conclusión u opinión no aportando razones sino apelando a alguna autoridad, a la mayoría o a alguna costumbre. Es la misma que utilizan los políticos, “México quiere un país de ….”, “Porque los mexicanos ya no…”, “El pueblo quiere un cambio que…” no hay razonamiento que lo soporte, el orador convertido en voz de lo que se quiera, un país, un sindicato, una empresa.

Los espacios de debate en los periódicos sufren de lo mismo, se han convertido en contenidos que ahogan las ideas. No cuestionan al autor, lo agreden, no debaten con el que piensa diferente, lo insultan, no se construyen nuevos razonamientos, se repiten dogmas, no se critica, se juzga, no se dialoga, se apabulla.

El raquítico debate de nuestros políticos, sus lugares comunes, sus falacias y falta de rigor argumentativo no son casualidad, son el reflejo mismo de lo que somos como sociedad, de nuestras carencias y limitaciones.

Decía el recién fallecido Hitchens, “… Busca siempre el argumento y la disputa, la tumba te proporcionará un montón de tiempo para el silencio. Sospecha de tus propios motivos y de todas las excusas…”.

Publicado por: Lulyann Morales
Twitter: @lulyann

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2 comentarios el “La pobreza en el debate

  1. Tan cierto, te comento que en casa de mis padres con mi familia, yo si debato ideas, o trato, lo malo de esto es que me tachan de prepotente, de intransigente por defender una idea o mi razón… Cierto que en las escuelas no se fomenta el pensar o en debatir algún punto en el cual no se esta de acuerdo, la pereza mental agobia al mexicano y no se da cuenta. Me encanta leerte, aprendo mucho.
    saludos amiga.

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