Hay tradicionalmente en el estado mexicano una especie de pavor irracional para aplicar la ley a grupos de manifestantes organizados. Lo mismo pueden bloquear cualquier arteria de la ciudad de México, impedir el funcionamiento de una universidad, evitar la construcción de un aeropuerto, estrangular el corazón de una ciudad por meses, y un largo etcétera. Hemos confundido el ordenamiento y la aplicación de la ley con la represión. Sigue leyendo
