Apenas el pasado 2 de diciembre, el hilo que sostenía en la dirigencia del PRI a Humberto Moreira se había roto. Tras una estela de acusaciones, no solo de lo abultada de la deuda coahuilense sino también de la falta de transparencia del destino de esos recursos, el Profesor Moreira se había vuelto el eslabón más débil de la aceitada maquinaria priísta. En medio de aplausos y al ritmo de batucada presentaba su renuncia como presidente del CEN del PRI. Sigue leyendo